No había nadie capaz de transmitir esa seguridad y confianza al vestuario. Un hombre trabajador y sacrificado. La hinchada rojiblanca hervía cada vez que el Atlético gozaba de una falta cerca del área, preveían algo grande. Zapatones cogía la pelota y nadie se lo discutía. Porque nadie como él para tirar las faltas, convirtiendo en medio gol una ocasión a balón parado.
Lo mismo pasó ese 14 de mayo de 1974 que, por mucho que pese, quedará guardado en la retina del aficionado rojiblanco. Minuto 114 de la prórroga, empate a cero en el marcador. Falta al borde del área a favor del Atlético. Luis cogió la pelota y no falló. Supo como retrasar más de lo debido el balón para que pudiese superar la barrera y le funcionó. Disparó y, nada más ver como el balón superaba la barrera, Luis alzaba los brazos. Ni siquiera esperó a que entrase. Él sabía que era gol, probablemente uno de los goles más recordados en la historia del Atlético. Pero poco duró la alegría pues 5 minutos después empataba el Bayern obligando así a jugar un partido de vuelta. Este, junto a tantos, es uno de los ejemplos que demuestra la seguridad que Luis transmitía a sus compañeros. Un líder dentro y fuera del vestuario.